Carlos Fernández González

BU Manager de Robótica Colaborativa.

Los que llevamos ya varios años en la industria, y más en el tema de la manufactura de máquinas a medida, hemos visto y experimentado muchos cambios, y en estos últimos años estamos asistiendo a toda una revolución.

Soluciones en el ámbito del software como del hardware cada vez más intuitivas y potentes, simuladores que ya no son meras herramientas básicas, hasta los últimos simuladores que permiten hacer gemelos digitales, o lo que tenemos en la pantalla del ordenador, … todo ello se puede implementar directamente en la planta industrial.

Si nos centramos en las soluciones de hardware, hemos pasado de robots industriales limitados a trabajar de forma aislada y protegidos en islas con medidas de seguridad pasivas, a cooperar con ellos teniendo espacios comunes gracias a sistemas de seguridad activa. Esta última revolución es la de la robótica colaborativa, en la que ya no hablamos de robots, sino de cobots porque éstos colaboran con las personas codo con codo pudiendo eliminar las barreras físicas.

Hay que decir que la robótica colaborativa, y más en concreto los cobots son una tecnología relativamente joven, que está empezando a madurar. Hemos pasado de tener unos pocos modelos de un fabricante, a que se abra un gran abanico de posibilidades con un amplio portafolio de alcances y pesos, y a que más y más fabricantes estén apostando por esta tecnología. Todo esto refleja el auge de los cobots que se están haciendo un hueco cada vez más grande en la industria.

Uno de los retos que nos ha tocado a los profesionales que nos dedicamos a la robótica ha sido, primero adaptarnos y formarnos en esta nueva tecnología, y después lidiar con la nueva problemática que es el compartir espacios comunes. Con esto nos aparecen nuevos desafíos a los que enfrentarnos: no solo se trata de que los robots sean colaborativos, sino que ahora las instalaciones tienen que serlo también.

Un ejemplo muy gráfico de lo anterior sería el siguiente. Supongamos un cobot al que le ponemos una herramienta de trabajo como un cuchillo. El cobot sería colaborativo por su anatomía y construcción ya que por concepto puede trabajar con personas. Pero el tándem cobot más cuchillo – lo que sería la aplicación – no sería colaborativo al dejar de serlo en el momento en que añadimos un elemento que no lo es.

En cuanto a la utilización de los cobots, podemos encontrar desde procesos de inspección de piezas, manipulación y ensamblado de piezas, procesos de soldadura, paletizado y despaletizados, atornillados automáticos, aplicación de adhesivos, y cualquier otro tipo de aplicación donde un robot convencional no entra por una cuestión de tamaño o por tener que convivir con personas en el mismo espacio físico. También se nos ha dado casos en los cuales este tipo de robots son una solución para problemas de ergonomía en el puesto de trabajo, ya sea por temas posturales o de carga repetitiva y continuada de pesos.

Un ejemplo de la utilización de esta tecnología por cuestión de ergonomía y un caso de éxito de nuestra empresa, es la solución de alimentación de máquinas encartonadoras. En este caso nuestro cliente demandaba una solución para alimentar de cartón sus máquinas encartonadoras debido a que la zona de recepción de cartón se encuentra a ras de suelo, y ello generaba para el operario una mala postura.

Por nuestra parte como profesionales tenemos que concienciar, orientar y asesorar a nuestros clientes de qué se puede y qué no se puede hacer con esta nueva tecnología, cuáles son sus ventajas y cuáles sus limitaciones. No todo es perfecto, y al final cada cliente y cada aplicación requiere de un tipo de tecnología.

Una de las principales características de la robótica colaborativa es que tiene una rampa de aprendizaje muy rápida y una interfaz muy amigable. Esto se traduce en que personas sin experiencia previa pueden realizar modificaciones y programas simples sin necesidad de ser asesorados por un integrador. También es verdad que, según se complica la aplicación, ya sí que es necesario que los integradores entremos en la ecuación. Con esto me refiero a que, en el caso de una aplicación sencilla en la que no hay comunicación con otros equipos externos al robot, ni integración de herramientas complicadas, ni se requiere la conexión a sistemas de gestión de ordenes de fabricación, el cliente puede ser el que se haga su propia aplicación a medida.

En conclusión, la robótica colaborativa ha venido para quedarse entre nosotros. Todos nos tenemos que adaptar a trabajar cada vez más con este tipo de robótica, y verla más como una herramienta o compañero de trabajo que como un enemigo o alguien que viene a quitarnos el trabajo. Esto nos plantea un horizonte muy interesante, con grandes retos profesionales.

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